Josefa Elizalde Peña
El lugar que habita la sombra
La niñez crea mundos paralelos en el imaginario, donde los objetos y escenarios cobran protagonismo en relatos inconexos, convirtiéndose en sombras que esconden simbolismos ajenos, deformados por una conciencia en desarrollo que juzga desde el miedo esa oscuridad desconocida. Este proyecto habla de un lugar de mi infancia, y la relación de él con historias, emociones y sensaciones deformadas en el relato de una niña.

A veces veo cosas en los muros; es el adobe aburrido que toma formas ominosas para expresarse. Me vienen a contar historias. Gritan que no pueden escapar, que están sufriendo; gritan buscándome a mí.
Vivo en una casa enferma donde las camas crujen de fatiga y las paredes se desalman en lepra. La chimenea ronca, las ventanas gimen erotizadas y los árboles bailan en el polvo de la sequía, esperando el grito explosivo de un hombre frustrado y debilitado por algo que él llama amor.
Todo está sucio y agrietadoTodo está roto.El cielo está rotoMi abuela está rotaMis padres están muertos
Cuando la oscuridad llega, siento cuerpos peludos que me acarician. Casi todos son negros, aunque en mi pieza nunca hay luz para ver colores. Me gustaría escapar, pero en mis sueños las piernas no responden, renuncian a mis deseos más profundos y quedo en parálisis. Grito. Rezo al viento en busca de auxilio. Los árboles posan sus largos dedos en mi boca para acallarme, y mi cuerpo sangra con las heridas de las rosas condenando mis modales.




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